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Columna en Sedice: Topicazos fant+?sticos

acero pa los barcosY he aquí que una panda de descerebrados, con David Mateo a la cabeza, hemos ocupado a partir de esta semana y hasta que los responsables de la web tengan a bien soportarnos, la portada de Sedice, portal de literatura de género.
  Hoy, jueves, le toca el turno a la primera columna de un servidor. Y para empezar haciendo amigos, qué mejor que darle un buen repaso a los tópicos que rodean a la literatura de fantasía épica.

Leer la columna: Topicazos fantásticos.

Editando: Para más información echad un vistazo a La sombra de Grumm.

Parecidos sospechosamente razonables

En el primer LP de las discografía de los Hombres G, nada más lejos de mi intención que entrar a valorar sus bondades o miserias, siempre ha habido cierta canción que me ha parecido sospechosamente parecida a una del grupo surf más popular de los USA. Esta la dejaré para otro día lanzando el guante para quienquiera que se atreva a aventurar la respuesta.
  La cuestión es que hoy mismo he descubierto otra canción con la que un corte del mismo disco, y van dos, guarda ciertas similitudes sospechosas. Se trata de Centro di Gravitá Permanente del maestro Franco Battiato, más cerca de Palomino que de David Summers en lo físico, que está incluida en su trabajo La voce del padrone de 1981.
  El disco de los Hombres G salió al mercado en 1985 y el tema que saquea descaradamente el estribillo del de Battiato, incluso en el toque operístico, no es otro que el de la famosísima «Venezia». Para muestra no uno sino dos botones.

El original (el estribillo empieza hacia el 1:06 de la canción):

El parecido sospechosamente razonable:

Borrico

El Fénix de los ingeniosAl loro con este par de frases: «La canción era de los Beatles y se llamaba Abbey Road.» (pág. 45) y «Pensé, infantilmente, en el Jedi y en las películas de Spielberg sobre la guerra de las galaxias.» (pág. 47). Cualquiera con una cultura general básica me escupiría a la cara que los de Liverpool no tienen ninguna canción con ese título, que el susodicho nombre pertenece a uno de sus trabajos más importantes, aquél que cuenta con la famosa portada de los cuatro cruzando un paso de peatones en la calle que da nombre al album, publicado en 1969 y que contiene joyas como «Come Together», «Something», o «Here Comes the Sun». La segunda todavía es peor. Otorgar a Spielberg la autoría de la saga galáctica que encumbró a George Lucas merece el primer premio a la ignorancia más supina en materia cinematográfica.
  La cosa no tendría mayor trascendencia sino fuera porque ambas perlas pertenecen al trabajo de un autor al que se le presume cierta labor de documentación. Sobretodo si se tiene en cuenta que el argumento de la novela en cuestión gira en torno a la búsqueda de Jesús de Nazaret, y que contiene mucha mística oriental y filosofía que se suponen serias. Pero si en cosas tan básicas el autor no da la talla, ¿qué se puede esperar de sus reflexiones filosóficas?.
  La obra ganó el Premio Planeta en 1992, su título es La prueba del laberinto y su autor, absoluto merecedor junto a quienes le otorgaron ese premio del epíteto que da título a esta entrada, no es otro que Fernando Sánchez Dragó.