Aunque la noche fue hecha para amar,
Y el día madruga en demasía,
Nunca volveremos a vagar
bajo la luna que tanto brilla.
Lord Byron (1817)
Fragmento de «So we’ll go no more a-roving».
¿O tal vez sí?
Aunque la noche fue hecha para amar,
Y el día madruga en demasía,
Nunca volveremos a vagar
bajo la luna que tanto brilla.
Lord Byron (1817)
Fragmento de «So we’ll go no more a-roving».
¿O tal vez sí?
A principios de julio, poco después de la aparición del número 10, la publicación anunciaba en la web que el periodo de recepción de relatos quedaba cerrado hasta previo aviso. No tardó en dejar de funcionar su Myspace. Ayer se confirmaban mis temores: Miasma, deja de existir tanto en su edición catalana como en castellano.
Miasma nació en Manresa como fanzine de género en la primavera del 2006 de la mano de Meritxell Genescà y Caleb Ferrer. Desde entonces se han sucedido 10 números en su edición castellana, cuatro en la catalana y dos nominaciones a los ignotus.
En todo este tiempo la publicación fue experimentando mejoras de forma progresiva como fue incluir ilustraciones de los relatos más destacados o portadas a todo color, la primera en el segundo número en catalán, o ir cambiando el sistema de edición, que pasó de las grapas más clásicas a un lomo encolado que no acabó de cuajar y finalmente a espiral. En los últimos tiempos sus responsables también expresaron su voluntad de centrarse en el terror y la ciencia-ficción en detrimento de contenidos más propios del género fantástico.
Mención a parte merece el «Premi Miasma de relats de terror i ciència-ficció en català», que en tan sólo dos ediciones se convirtió en un certamen imprescindible dentro del calendario, reflejo del vacío que existe de eventos de este tipo en Catalunya más allá del UPC y de puntuales certámenes de municipios, y que ahora, con la desaparición de la publicación, vuelve a salir a la palestra.
Tuve la suerte de conocer a Meritxell y a Caleb en la entrega de los primeros premios Miasma. Saltaba a la vista que la organización de aquel evento y la edición del fanzine en sus dos versiones tenía que suponerles un trabajo enorme y la dedicación de muchas horas de su tiempo libre. Sin embargo, también resultaba evidente que todo era fruto de un entusiasmo contagioso y una gran pasión por el género.
Podría decir que la noticia del cierre de Miasma me entristece, que es una mala noticia para escritores y lectores del género. Pésima para quienes no renunciamos a hacerlo en catalán. Pero creo que todo esto es secundario. En este momento lo que realmente me apetece es agradecer a Caleb y a Meritxell los buenos ratos que su esfuerzo nos ha brindado a lo largo de estos casi tres años de trayecto. En mi caso, puedo decir sin temor alguno a equivocarme que alguno de ellos me acompañaran el resto de mi vida.
Moltes gràcies companys. Que tingueu sort!
Este minirelato pertenece a una serie de píldoras que ya hace bastante tiempo, sólo hace falta fijarse en las referencias musicales, empecé a perpetrar bajo el descriptivo título de «Trash». Su idiosincrasia se podría resumir en humor nada sutil, poca fe en la naturaleza humana y una dosis generosa de mal gusto, o como un buen amigo tuvo a bien sentenciar: «esto más que literatura son pajas mentales, Enric.»
En la discoteca no cabía una aguja, hacia un calor insufrible y ella ya estaba hasta las narices de dar tres pasitos palante y tres patrás al unísono con toda aquella panda de borregos así que se acercó al bar a beber un cubata.
El barman estaba la mar de bien y le hizo proposiciones para cuando cerraran, ella, una chica liberal a quien como todo hijo de cristiano le gustaba follar con buen ganado le dijo que estaría encantada de intercambiar flujos con él, pero que la pillaba en mal día porque en el trabajo se le había roto una uña. Él, que era un tipo muy considerado, le dijo que lo comprendía y que no pasaba nada.
El fin de semana siguiente la discoteca volvía a estar hasta los topes y cuando la chica liberal se hubo cansado de bailar cachito con cachito y ombligo con ombligo con toda una convención de rusos que aprovechaban la mínima oportunidad para pellizcarle el trasero se acercó a la barra a pedir un cubata.
El barman no era el mismo que la semana anterior, pero siguiendo el patrón de la casa estaba la mar de bueno y encima le sirvió el cubata gratis. Como el otro, le preguntó si hacía algo para la hora en que cerraban y ella le dijo que no. La siguiente pregunta fue más explícita y ella se sintió muy halagada. Si el resto del cuerpo de aquel morenazo iba en consonancia con los bíceps que lucía aquel podía ser el polvo de su vida. Se moría de ganas pero le dijo que no podía ser, que aquel día no estaba en vena porque había recibido la triste noticía de la disolución de los Take that y que aquello le impedía estar a la altura que las circunstancias exigían. El tipo, un chico listo, mintió diciéndole que aquél era también su grupo favorito y que si le había hecho proposiciones era para olvidar el mal trago, que no creyese ella que era un fresco de aquellos que se lían con toda chica mona que encuentran. La chica que no era tonta del todo pilló la treta al vuelo y se sintió muy dolida porque el guaperas intentara aprovechar tan triste suceso en beneficio de su entrepierna, así que se largó aguantando la lágrima.
La semana siguiente había menos gente que de costumbre, la discoteca estaba dejando de ser el local de moda y el ambiente estaba más despejado. Tras dejarse la piel en la pista al ritmo de una cancioncilla escocesa sobre una tal McArena se dirigió al bar para refrescarse un poco con un cubata.
Tras la barra había una moza de esas que no tienen desperdicio. La melena rubia le llegaba hasta el trasero, su piel era morena, una sola de sus tetas era mayor que las suyas juntas y el vestido rojo ceñido prometía un vientre liso y duro. Tras servirle el cubata le hizo proposiciones para cuando librara. La chica liberal, hetero como ella sola, malditas las ganas que tenía de liarse con la fulana, pero como había tenido un día redondo, sin nada que justificase actitud tan retrógada, le dijo que no tendría incoveniente en ir con ella a su piso para una vez allí hacer y dejarse hacer lo que la ocasión requería.