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Seis libros (I): El Dios de los Mutilados, Claudio Cerdán

El Dios de los MutiladosLos asiduos a este blog ya se habrán percatado de que en él no aparecen reseñas de libros. De hecho tampoco lo suelen hacer de películas, ni de música, ni de otros productos culturales. El motivo no esconde ningún secreto de difícil confesión. Sencillamente considero que ya hay gran cantidad de blogs, la gran mayoría, en la que se pueden encontrar críticas con esos contenidos. Y dado que no considero mis opiniones ni forma de expresarlas como nada del otro jueves, prefiero limitarme a la motivación principal con la que nació esta bitácora: curriculum literario y espejo de paranoias personales.
Sin embargo, recientemente se ha dado una curiosa situación. De entre los últimos libros que he leído, seis han sido escritos por autores con los que tengo contacto, con algunos más estrecho que con otros, y en la mayoría de los casos vía internetil, aunque ya he tenido la ocasión de conocer a alguno en persona. El asunto es que a todos ellos les prometí, en su día, el consabido comentario al finalizar la lectura, pero entre pitos y flautas y viendo que la cosa se está alargando y tomando peligrosos visos de quedar en promesa incumplida, he decidido coger el toro por los cuernos y en lugar de dejar comentarios repartidos entre blogs y portales de género, dedicarles una merecida entrada a la reseña de cada uno de ellos.
Cometiendo una justicia galopante he decidido empezar por el último de los leídos. La razón, de nuevo, no esconde grandes misterios: es el que tengo más reciente y eso siempre facilita el asunto.

Juanma Aguilera afirmaba en la presentación del libro que Claudio Cedrán había creado un nuevo género con El Dios de los Mutilados: el spaggethi fantasy, en alusión a los western italianos de Sergio Leone y compañía. La definición no puede ser más exacta, entre otras cosas porque el propio autor lo reconoce en su blog, pero lo cierto es que el sabor de la épica crepuscular del spaggethi y de sus antihéroes empapa las 235 páginas de la obra. Me gustaría añadir que por poco que uno rasque, también sabrá reconocer entre sus páginas a Peckinpah y a John Woo; el campeonato de artes marciales de Operación Dragón o Dragon Ball según generación, el Kung Fu de Carradine o las féminas con katana y armas imposibles de Tarantino y su humor negro y violento. Y todavía me quedo corto.
La segunda parte de la definición viene dada porque no faltan en sus páginas elementos típicos en las novela de fantasía como elfos, un hobbit no reconocido, bárbaros, paladines, asesinos, pícaros, arqueros, dragones, dioses, cultos ancestrales, objetos de gran poder y sí, una misión para salvar el mundo. Dicho todo esto quizá empecéis a haceros una idea de qué ofrece esta novela. Y no, aunque parezca mentira el resultado no es un todovale indigesto.
La historia que El Dios de los Mutilados desgrana podría resumirse a grandes rasgos en un grupo de mercenarios y una misión. Sin embargo la trama no peca ni de previsible, hay al menos un par de giros de los que te dejan con cara de tonto, ni de aburrida. El autor consigue que el lector no sufra la siempre incómoda sensación del «esto ya lo he leído antes» y lo hace apoyándose en los puntos fuertes de la obra: sus personajes y el sentido del humor.
Sobre el variado plantel que pulula por sus páginas recae el mayor peso del libro. El grupo de aventureros comparten protagonismo de forma coral pero no por ello dejan de estar perfectamente caracterizados y dotados de una personalidad bien definida. De hecho, el rol que adoptan dentro del grupo y las relaciones que entre ellos se establecen resulta imprescindible a la hora de conocerles mejor. En la mayoría de los casos el autor parte de arquetipos que el aficionado al género reconocerá sin problemas para darles la vuelta en el momento menos pensado, y convertir en complejidad lo superficial, lo maniqueo en difuso.
El estilo de Claudio es dinámico y directo. Prescinde de descripciones innecesarias o de explicaciones gratuitas sobre el mundo en el que ocurre la acción, tan propias del género. El lenguaje empleado no busca llamar la atención sobre sí mismo, es un instrumento al servicio de la historia. Una historia que avanza sin pausa con un ritmo trepidante. Echando un vistazo a los referentes mencionados en el primer párrafo uno pronto caerá en la cuenta que todos ellos son cinematográficos y no es casual, pues nos encontramos frente a un estilo muy visual y una narración estructurada en escenas.
El tono del libro busca ante todo entretener. Abunda la acción desbocada, especialmente en el último tramo de la obra en la que el ataque a la fortaleza, con tono de traca final, no es más que el preludio a un más difícil todavía, donde siguen las muertes y los enfrentamientos sangrientos en un escenario escalofriante. Sin embargo no sería justo ignorar la crítica social que subyace a lo largo de toda la trama. Corrupción, pederastía, violencia de género y otras lacras de nuestra sociedad actual, así como un retrato nada complaciente de la naturaleza humana, aparecen a lo largo de la obra dejando un gusto amargo que sólo el tono humorístico general hace más llevadero.
Aunque nos encontramos frente al primer volumen de una trilogía, en el que se dejan unos mínimos cabos sueltos que den pie a continuidad, el libro se lee sin problemas como historia independiente con un final. Un servidor se ha quedado con ganas de más, pero no con la sensación de coitus interruptus tan común en este tipo de sagas, lo cual, y más teniendo en cuenta la memoria que gasto, siempre es de agradecer.

Ficha del libro: El Dios de los Mutilados.
Web del autor: Conservado en alcohol.

Friki se restrasa

Me informan desde Edimáter, la pequeña editorial andaluza que tiene previsto publicar la novela, que el proyecto no ha sido aprobado por la Junta de Andalucía. En consecuencia no recibirá la ayuda de la que la editorial depende, en parte, para lanzar sus novedades.
  La subvención consiste en que la Junta adquiere una cantidad determinada de ejemplares, entre 200 y 500 y los reparte entre todas las bibliotecas públicas andaluzas. De esta manera no sólo se promueve la lectura sino que además el escritor recibe la cantidad correspondiente en calidad de derechos de autor y la editorial coloca un número determinado de ejemplares.
  Como era previsible la Junta ha dado prioridad a los autores nacidos en Andalucía, y en Friki se da la situación, igual que en el resto de obras presentadas a concurso a las que se les ha denegado la ayuda, que ni un servidor ni el ilustrador lo son.
  El contrato está firmado y la obra, en principio, tiene que salir, pero lo hará a lo largo del año 2009.
  Definitivamente, esto de escribir no es para impacientes…

El Alcaudón de la Tierra

alcaudón terrestre

Ahora que he terminando de leer La caída de Hyperion, continuación de la archifamosa Hyperion, después de 1374 páginas me entra la duda, perspicaz que es uno, acerca de si realmente existe el Alcaudón. No, no es que haya perdido el juicio y tanta space opera repleta de reflexiones religiosas y existencialistas haya terminado por hacerme creer que un ente enorme, todo metal, espinas, ojos rojos y mala uva acecha a la vuelta de la esquina. Me refiero a que me ha entrado la duda de si la palabra existe.
  Un servidor estaba convencido de que se trataría de un nombre que Dan Simmons se había sacado de la manga, algo que en inglés sonaría algo así como «alkádn» y que se había castellanizado con una simple tilde en la última sílaba. Un nombre, todo hay que decirlo, que me parecía genial, con ese inefable aire amenazante. Como de costumbre no he dado una. Y sí, como ya sabíais todos menos yo, no se trata de un nombe inventado, la palabra existe.
  El alcaudón, shrike en inglés, es un pájaro. Monísimo, como podéis comprobar en la imagen superior, pero cabrón de cojones. La dieta de esta ave rapaz está compuesta por insectos, lagartos, otros pájaros y ratones, y entre sus hábitos predatorios destaca el de utilizar espinas a modo de almacenes en los que ir empalando a sus presas sobrantes hasta que llegue el momento de degustarlas. Del mismo modo, el Alcaudón de Hyperion, aquel que acecha entre las Tumbas del Tiempo, empala vivas a sus víctimas humanas en el Árbol del Dolor.

Sin ánimo de entrar a reseñar aquí este sentido homenaje al poeta John Keats que es Hyperion y su continuación. Sólo apuntar, por polemizar que no sea, que aunque estoy de acuerdo con la opinión extendida de que el libro que da inicio a la saga es más redondo que La caída de Hyperion y que a este último unas cuantas decenas de páginas menos no le harían ningún mal, no es menos cierto que La caída de Hyperion es un gran libro, donde Dan Simmons consigue cerrar de forma envidiable todas las complejas tramas y enigmas que planteaba en el primero y unas cuantos más que se añaden en éste. Que no es moco de pavo, oiga.

Alcaudón de Hyperion

Fuente de la imagen: faceandhead