Esquizofrenia rosa

Quintana vs Quintana

Mi amigo Pancho me tiene preocupado. La verdad es que el pobre, desde que le dejó su novia cosplayer por uno de su edad, casi diez años menor que nosotros, no levanta cabeza. Yo hago cuanto puedo por sacarle de casa, no vayáis a creer, pero últimamente sólo le apetece apalancarse frente a la caja tonta y tragarse todo lo que le echen. Ni se mira aquel videojuego multijugador on line que le tenía tan enganchado y apenas comenta por los foros de fantasía a cuyos debates se entregaba con pasión.
  El lunes noche me pasé un rato por su guarida y debo confesar que su estado me dejó algo perplejo. Al principio todo parecía ir bien, pero en un momento determinado de la conversación, sin previo aviso, el timbre de su voz se aflautó a lo pitufo y una sombra aviesa se adueñó de su mirada. En ese instante se dedicó a contradecir cuanto había dicho hasta el momento. Segundos después pareció tomar de nuevo el control, pero sólo en apariencia, pues, ignorándome, dio la réplica a su invisible interlocutor que no era otro que él mismo.
  Un par de bofetones mediante conseguí que recuperara la cordura. El hombre, algo turbado, me confesó que, desde el viernes noche, se encontraba invadido por aquel estado bipolar. Y todo por culpa de Julián Muñoz, o para ser más justos, de Ana Rosa «mamiqueseráloquetienelnegro» Quintana. Pancho me contó que Quintana es la presidenta de Cuarzo Producciones, responsable de delicatessen como El programa de AR o ¿Dónde estás corazón?. El día de autos, se dio la paradójica situación de que la tan anunciada a bombo y platillo falsa entrevista al corrupto ex-alcalde de Marbella, que corría a cargo de la productora Cuarzo, debía competir por la audiencia basura con otro subproducto suyo: ¿Dónde estás corazón? en Antena 3. Y de hecho, se saldó con clara victoria de la segunda en detrimento de la cadena «nometoqueslosvideos» de Vasile. Semejante desdoblamiento de personalidad, a todas luces aparente, pues no hace falta ser un lince de las finanzas para saber que el sueño húmedo de cualquier empresa es que su mayor competidor sea ella misma, tiene a Pancho sumido en un estado de desconcierto esquizoide que lo lleva por la calle de la amargura. Y todo por quedarse en casa el viernes noche zapeando en lugar de salir de cañas. He intentado razonar con él sobre el tema, pero que si quieres arroz Catalina, a la que me descuido me salta el pitufo psicópata alguna burrada del tipo «Cantizano, hazme hombre», «Que arriba la Esteban» o «Ana Rosa es la reina de las mañanas».
  Si a Don Quijote le afectaron cosa mala las novelas de caballería, no es difícil entender lo que le puede hacerle al cerebro humano la ingestión indiscriminada de programas del corazón. Basta dedicarles un fugaz vistazo para saber que lo que predomina en ellos es la ausencia de rigor periodístico y una falta absoluta de contraste de la información que empuja a constantes desmentidos y al «dónde dije digo digo Diego». Por no hablar de esa moral de plastilina que en el momento menos pensado lleva a sus colaboradores a entonar el mea culpa y a aceptar que «está mu feo eso de darle parné a un choriso», para acto seguido y apelando a la memoria de los peces, seguir rajando horas y horas sobre el mismo personaje.
  En cualquier caso ya me he puesto manos a la obra y he ideado un plan de choque para sanar a Pancho:

  • Lectura semanal de un libro. Prohibidos los de autoayuda y mediáticos.
  • Máximo de dos horas de exposición catódica diaria y sólo para ver películas y series.
  • Pasar al menos la mitad del tiempo de ocio fuera de casa. Apuntarse a un gimnasio o en su defecto comprarse una bici o patines.
  • Echarse otra novia a la de ya. Preferiblemente de su edad.

  Me ha dicho que iba a empezar con el tratamiento de inmediato. Después he tenido que salir por patas de su casa: el pitufo furibundo amenazaba con romperme un jarrón en la cabeza al grito de «Paquirrín es mi pastor, nada me falta».

Gravatar: que tu avatar te acompañe

GravatarLos usuarios de Blogger están acostumbrados a que su avatar identificativo les acompañe cada vez que postean en un blog gestionado con esa misma aplicación. El problema viene cuando comentan en bitácoras elaboradas con otras aplicaciones blogueras, incluido el otro grande del sector: WordPress, como es el caso de Nudo de piedras.
  Gravatar viene a subsanar este pequeño inconvieniente.
  ¿Cómo funciona Gravatar? Más sencillo imposible. Una vez inscritos en su página web: «Sign up» y activar la cuenta en el correo recibido, basta introducir un nick que esté disponible y una contraseña. Ya sólo queda escoger la imagen que queremos y añadirla a nuestra cuenta; que nadie se asuste si esto le suena a chino pues consiste en un par de clicks del ratón. El tamaño de los avatares es de 80×80 píxeles, el gestor adaptará automáticamente la imagen escogida si es mayor o menor. Lo importante es que sean cuadrados para que no se deformen. Y eso es todo amigos. A partir de este momento, cada vez que posteéis en cualquier blog gestionado con WordPress o cualquier otro sistema que permita esta posibilidad, junto al nick aparecerá vuestra querida imagen identificativa. El único requisito es que el correo electrónico que utilicéis al escribir vuestro comentario sea el mismo que habéis indicado en vuestra cuenta de Gravatar. Podéis activar tantos correos como queráis con una sola cuenta o sea que eso no debería suponer ningún problema.
  Creo que la mayoría de los que os pasáis por aquí sois usuarios de Blogger, así que venga, animaos a probarlo.

5 centímetros por segundo

5 centímetro por segundo

Es la velocidad a la que caen los pétaleos de los cerezos en flor y el título de la película de animación japonesa que me llevó a ciertas peripecias con mi reproductor de DVD que ya os conté en su día.
  Esta pequeña joya —dura poco más de una hora— escrita y dirigida por Makoto Shinkai es un caso peculiar dentro del anime y de la obra de su autor pues nos narra una historia realista, sin ningún atisbo de elementos de género. De hecho, la película desgrana una historia de amor simple y cotidiana. Tal vez esto haga temer a más de uno que nos encontramos ante un Shōjo edulcorado para niñas y adolescentes, pero podéis respirar tranquilos, los personajes y situaciones de esta historia se parecen a los de Candy Candy como un huevo a una castaña.
  ¿De qué va 5 centímetros por segundo? Trata del paso del tiempo, de los recuerdos, de la forma en que una experiencia del pasado puede marcar el resto de nuestros días y de como ese mismo recuerdo es personal e intransferible. Todo esto nos llega presentado en una animación excelente, especialmente en el trato de los escenarios que en la pantalla del cine debían de resultar de una belleza apabullante. Tanto los paisajes urbanos como los rurales devienen en ella un elemento clave a la hora de transmitir sentimientos y estados de ánimo. Por contraste, el trato de los personajes puede parecer más sencillo, pero en ningún momento resulta pobre y me parece muy adecuado para los hechos narrados.
  Mención aparte merece la música. Omnipresente y discreta, remarcando los momentos de mayor intensidad y acompañando a la narración de forma sutil cuando ésta así lo precisa. La mayor parte de las composiciones de Tenmon que aparecen en la obra son variaciones del tema principal «One more time, One more chance». Bellísima canción de Mayazaki Masayoshi cuyo video con traducción al castellano tenéis más abajo.
  El visionado de esta maravilla exije una copia en condiciones aunque por desgracia sólo fue lanzada en el mercado japones, con subtítulos en inglés, y en el anglosajón. Con lo que aquellos que no se llevan con la lengua de Byron y deseen verla, por no hablar de ahorrarse unos eurillos, no tendrán más remedio que tirar de mula o de torrent. Por la red circulan copias subtituladas al castellano en ambos P2P, así que disfrutarla cómodamente en el televisor no es complicado. Como última posibilidad, la más directa, pero menos recomendable, tanto en Youtube como en otras páginas de videos están colgadas las tres partes de las que consta la película para su visionado on line, y no es difícil dar con alguna subtitulada. Sin embargo la calidad y tamaño de la imagen es pobre, insuficiente para apreciar las virtudes de esta obra en su justa medida.
  Imprescindible para los amantes de la buena animación y una sorpresa mayúscula para quienes todavía crean que unos dibujos animados no pueden desarrollar con solvencia una historia adulta.