He pasado unas semanas atrapado en Londres y su tumultuosa Época Victoriana. Me he codeado con personajes de la época como H.G. Wells, Bram Stoker, Henry James, Jack el Destripador o Joseph Merrick, más conocido como el Hombre Elefante. Me he visto envuelto en una trama que los envolvía a todos y que me ha arrastrado a compartir dos historias de amor, escritas con sangre, risa y llanto, y a ser testigo de las estremecedoras andaduras de dos asesinos en serie. He presenciado los desvelos de uno de los primeros escritores de ciencia ficción, para algunos su creador; he sentido su pasión creadora, su amor por la literatura y sus dudas, muy parecidas a las que ahora, que muchos afirman que llega a su fin, asolan el género cuyas obras eran entonces conocidas como romances científicos. He disfrutado como un enano de mil aventuras y correrías, de peleas en los tugurios de Whitechapel, de un chapuzón en las procelosas aguas del Támesis, de cabalgadas en la madrugada a contrarreloj y de un singular combate que enfrentaba a autómatas con los supervivientes de la maltrecha humanidad entre las ruinas de lo que un día fue la capital del imperio. He cruzado la cuarta dimensión a bordo del Cronotilus, me he enfrentado a los dragones que la pueblan y he visto el futuro. He montado en la máquina del tiempo ideada por Wells, me he sentado en su sillón y he tirado de la palanca. Aunque parezca mentira he salido ileso de todo ello, quizá algo cansado de tanto trajín, pero con una enorme sonrisa de satisfacción en los labios.
La desazón que uno siente al pasar la última página de un buen libro queda en este caso suavizada por 1840, cómic digital por entregas que Mariko y David Belmonte están desarrollando con una profesionalidad encomiable. Todavía no se encuentra disponible como tal, pero ya se pueden contemplar algunas ilustraciones y bocetos de páginas, así como disfrutar de apuntes y comentarios de todo tipo sobre la sociedad de la época. No siempre se tiene la oportunidad de ver como se levanta la estructura de una obra artística, ni mucho menos poder decidir sobre aspectos como su portada. Llama la atención lo exhaustivo del trabajo, me atrevería a decir que mucho más serio y concienzudo que el de tantas novelas.
Hace ya un par de semanas que tenía en mente esta entrada, esperaba a terminar el entretenidísimo libro de Félix J. Palma para colgarla, con lo que una vez más no puede sino sorprenderme que José Miguel Vilar cite a 1840 en la última entrada de su tremendo, el jodido le acaba enganchando la palabrita a todo dios, blog. Nuestra peculiar sincronicidad sigue haciendo de las suyas. Y hablando del diablo…