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Llevaba un buen rato mirándola con deseo. Su presencia le atrapaba y cuanto más pretendía ignorarla más le obsesionaba. La dulzura de su forma redondeada, la tersa piel perlada por gotas de rocío y el sensual color de la carne cuyo aroma y sabor debía conformarse con imaginar. La saliva le llenaba la boca tan solo hacerlo y el estómago protestaba furioso. Si Yahvé le había prohibido probarla, ¿para qué la había puesto a su alcance?
Eva despertó gritando al sentir el bocado en su nalga derecha. Aunque las escrituras se afanen en silenciarlo, el pecado original fue la antropofagia.