Hoy sale a la venta en España el gadget del que todos hablan últimamente: el iPad de Apple. Tuve ocasión de trastear uno hará cosa de un mes, cuando después de una reunión de trabajo en Barcelona pude compartir unas horas, antes de que saliera el bus de vuelta para Reus, con Xavier Belanche. Un buen amigo con el que llevamos recorrido un largo trecho, lejos queda ya ese primer día de colegio, y con el que hemos sabido mantenernos en contacto a pesar del tiempo y la distancia. Su iPad es yanqui, vendido en New York y llegado en la maleta de un amigo que le preguntó si quería que le hiciera alguna compra.
No soy ningún experto en tecnología, los anáisis técnicos sobre el tablet PC de moda los podéis encontrar en centenares de blogs y webs analizando a conciencia sus pros y contras, pero sí me gustaría contaros la impresión que me causó. Tan solo verlo es de esos cacharros que a uno le entran ganas de tener, yo lo llamaría efecto «pocholada» de Mac, esa atracción irresistible que el diseño de sus productos causan en cualquier hijo de vecino y que nos atrapan la mirada sin quererlo en cuanto vemos un iPhone, un Macbook o un nuevo modelo de iPod. Es ligero y cómodo de manipular a través de su pantalla táctil, 9,7 pulgadas, que reacciona ante la bioelectricidad que todos generamos. Su cristal es delicado y se ensucia con facilidad. Como no responde ante materiales no conductores, esto ha generado algún problemilla en paises fríos, pues resulta imposible manipularlo con guantes. Después de jugar con él un rato y moverme por sus menús y alguna de sus aplicaciones, incluido un juego, terminé pensando para qué me resultaría útil un ordenador como este, que es al fin y al cabo lo que todo quisque se pregunta tarde o temprano.
Puede resultar una magnífica herramienta para revisar y corregir escritos o tomar notas en cualquier momento y lugar; una forma cómoda y ligera de navegar por internet y hacerlo desde cualquier sitio. Me pareció un compañero perfecto de viaje: ¿Os imagináis tener el Google Maps y su Street View a mano para no perderse en ningún momento, y toda la información disponible en la red sobre restaurantes, hoteles y monumentos? Tal vez a muchos os parezca una auténtica tontería, pero con la fotografía digital las fotos de viajes y ceremonias se acumulan de forma geométrica y uno nunca encuentra el tiempo para pasarlas a papel, o simplemente para seleccionarlas y no dormir al personal. El ipad es la forma perfecta para mostrar esas fotos por las que todo el mundo te pregunta, aunque diez minutos después ya se hayan arrepetido de hacerlo, sin necesidad de ir cargando con el portátil. Mientras se está en casa también puede funcionar como marco digital.
Supongo que la pregunta del millón de quienes estén leyendo esto será: ¿Y para leer y escribir? Pues va a ser que sí pero no. El ipad no es un e-reader, su pantalla es retroalimentada, no dispone de tinta electrónica, con lo que el efecto de leer durante muchas horas en él debería ser parecido a hacerlo delante de cualquier ordenador. Su teclado es mucho más cómodo que el de un móvil, pero su anchura queda limitada a la que marca su pantalla táctil, con lo que no resulta especialmente cómodo ni está pensado para escribir textos largos. Cierto que la gente de Apple, como de costumbre, ofrece todo un abanico de complementos entre los que se encuentra un teclado normal, pero evidentemente eso ya quedaría reservado al ámbito doméstico, y para eso ya existen los ordenadores de sobremesa.
La autonomía de su batería es de 10 horas y la versión más sencilla cuesta 479 €.
