Festival (musical veraniego) del humor

Ahora que el verano ya da sus últimos coletazos, y ha quedado atrás la marea de festivales musicales, tal vez sea un buen momento para recordar echándose unas risas. Puede que ya los hayáis visto hasta la saciedad en zappings y blogs pero yo los descubrí hace apenas unos días. Se trata de tres videos promocionales al estilo chanante de autoría amateur, pero que son finos, finos, finos.

Incesto

Propuesta de argumento: un blog literario termina indexado en el buscador web más popular a día 23 de agosto de 2007 como primer resultado para la búsqueda «hermanos cogiendo». Y ya estáis tardando en comprobarlo.

Cuestiones a tener en cuenta: si cualquier hijo de vecino consulta en el diccionario de la RAE el significado de «coger» obtendra lo siguiente: acepciones de «coger». Sirva la treinta y uno para esclarecer al personal despistadillo/alelado el significado reproductivo-festivo de dicho verbo, más utilizado en latinoamérica que por estos lares.

Aclaración del desaguisado: súmese en el mismo relato, una secta formada por «hermanos» y un huerto con tendencia a producir hortalizas y verduras que deben ser «cogidas», véase «recolectadas», para que el sufrido lector entienda, en la medida de lo posible, el intríngulis del asunto.

Conclusión: creo que más de uno convendrá en que todo este desaguisado merecía una entrada. Sobretodo en fechas veraniegas como estas en las que predomina el asueto, los programas televisivos de relleno, los blockbusters palomiteros y una ausencia neuronal generalizada.

Imagen/relato 2

Otro relato breve con el que participé en este curioso juego.

Dos tipos y una lona

Baldomero Smith se atusaba las puntas del mostacho sumido en pensamientos derrotistas. Su contable lo había dicho bien clarito: si seguía con aquel ritmo de vida ni los beneficios de todas sus sombrererías juntas lograrían salvarle de la ruina.
  —¿Pero cómo es posible señor Smith? Usted que siempre había sido paradigma de austeridad y sentido común. Mire, mire, estas cuentas. Los números cantan, señor Smith. Joyas, abrigos de bisón, tratamientos de belleza… siento serle tan franco pero está usted derrochando muy por encima de sus posibilidades.
  Le hervía la sangre cada vez que recordaba las palabras de amigos y familiares advirtiéndole con expresión preocupada que aquello era una locura. ¿Cómo había podido ser tan estúpido? En lugar de escucharles prefirió enfadarse con ellos y escupirles a la cara que les movía la envidia en lugar de alegrarse por su propia felicidad.
  —Soy viudo pero sigo teniendo mis necesidades. A nadie le gusta la soledad.
  Sólo el tiempo y la convivencia le habían terminado por arrancar la venda de los ojos. Marisol Cherry, veinte años menor que él, era preciosa y encantadora, pero también frívola, díscola, ignorante, caprichosa y derrochadora.
  Baldomero levantó la mirada de las punteras de sus mocasines al verla pasar frente al sillón, como Dios la trajo al mundo y una toalla en la mano.
  —Hola cariñito —le saludó melosamente mandándole un beso y dirigiéndose al jardín para dedicarse a su hobby preferido: tostarse al sol. Se había visto obligado a rodear la valla que limitaba la parcela con una lona para que los curiosos no se deleitaran con las carnes de su joven esposa.
  Impulsado por la inspiración del momento Baldomero se levantó del sillón del salón, se encasquetó el bombín y salió por la puerta trasera. Rodeó el jardín hasta la parte delantera de la casa. A Marisol le daba alergia el trabajo, pero después de todo tal vez sí podría contribuir a la depauperada economía familiar.
  —Oiga amigo, ¿le gustaría alegrarse un poco la vista?
  —¿Perdón?
  Baldomero rasgó un trozito de lona con su navaja e invitó al hombre a echar un vistazo.
  —¡Por la Reina y el Impero, menuda jaca!
  —¿Le gusta verdad? Por unos peniques le dejo mirar cuanto quiera.