Después de que el blog no chutara ni a la de tres en el día de ayer, actualización de las DNS del servidor que le llaman, aprovecho que hoy la cosa parece más estable para dejaros los primeros frutos de mi colaboración con el ilustrador David M. Rus.
Una vez se abra la ventana no tenéis más que clicar sobre el emblema, eso y aseguraros de tener los altavoces encendidos.
Burmar Flax
El niño se detuvo junto a la silla, mirándole fijamente con ojos rasgados de un azul triste. Enric le observaba divertido. Recordaba perfectamente aquella ropa: la camiseta granate de manga corta, los tejanos hasta las rodillas con tirantes y las zapatillas de tela estampada.
—¿Qué pasa, Kike?
El niño le sonrió y abrió el puño derecho mostrándole dos duros.
—Mamá me ha dado para un flash.
—Esto es genial, ¿verdad?
—Sí.
—¿Y de qué te lo vas a comprar? ¿De fresa? ¿Naranja? ¿Tal vez limón…? ¿Cola?
—Lo quería de menta.
—De menta… no recordaba ese sabor.
—Sólo lo tienen los gordos. Los de veinticinco. Mamá me ha dado para uno de diez.
—Vaya, eso es un problema.
—Sí.
—¿Quieres que te preste lo que te falta?
—Bueno.
—¿Pero me lo devolverás, ¿no?
—Sí.
—A ver qué encuentro por aquí —dijo Enric revolviéndose el bolsillo—. Vaya, tenemos otro problema.
El niño miró con interés las monedas que el hombre sostenía.
—Sólo tengo euros.
—¿Qué son eso?
—Dinero.
—El señor de la bodega quiere pesetas.
—Pues lo siento, pero no podré ayudarte.
—Bueno.
Kike se guardó los dos duros en el bolsillito del peto tejano y permaneció en silencio mirando la silla de ruedas. Finalmente se atrevió a tocar su superficie con el dedo índice de la mano derecha, con la misma cautela que comprobaría si un bicho sigue vivo.
—¿Te gusta? Es genial para echar carreras.
Por toda respuesta el niño le miró muy serio, como si acabara de decir una estupidez.
—¿Nunca volver+?s a andar?
—No, me temo mucho que no. Soy parapléjico.
—¿Qué es eso?
—Tengo una lesión en la médula que me impide mover los brazos y las piernas.
—¿Cómo te la hiciste?
—Fue en un accidente de tráfico, me salí de la carretera.
—¿Te duele?
—No siento nada —respondió levantándose de la silla y tomándole de la mano—. Se hace tarde. ¿Qué te parece si te acompaño a comprar ese flash y luego vamos para casa?
—Vale.
Cruzaron entre los columpios del parque: junto a la bola de hierro amarilla donde su hermana se partió un diente jugando a dar volteretas y junto al tobogán que se calentaba con el sol y te quemaba las pantorrillas si vestías pantalón corto; uno de los columpios tenía una cadena rota y pendía ladeado, en el otro, una madre empujaba suavemente a su hija de unos cuatro años. Cruzaron la calle y se internaron bajo los porches donde solían jugar al escondite y a policías y a ladrones. En una de las últimas columnas de la izquierda todavía podía verse el corazón que grabó con las letras «E» y «N» en su interior. No lejos de allí, Noemí le había dado su primer beso a cambio de una bolsa de pipas. Salieron a la plaza donde estaba el quiosco en el que compraba los sobres de soldaditos de plástico y los tebeos de superhéroes, justo al lado de la bodega del señor Matías.
—Kike —dijo Enric deteniéndose frente al pequeño establecimiento. El niño le miró por debajo del rubio flequillo—. El día que cumplas los treinta y dos, después de la fiesta, quédate a dormir en el piso de Marta.
—¿Cómo está su hijo?
—Pues ya ve, sin muchas ganas de charla. Hoy tiene uno de esos días.
—¿Hace calor, verdad?
—Mucho. Y sólo estamos a junio. Verá en pleno agosto… no habrá quien lo aguante.
—Enrique, ¿cómo va el paseo?
—Lleva toda la tarde mirando esa furgoneta aparcada ahí.
—¿Burma Flá? ¿Y eso qué son? ¿Caramelos?
—No mujer, son golosinas congeladas de esas que comen los críos.
De cómo el buen hidalgo y su fiel escudero rescataron a la bella Dulcinea de las garras del Señor de Patanegra
Este es el quijotesco título de un relato que ya hace tiempo quería haber colgado aquí y con el que quedé finalista en el I Certamen de relatos Breves CIEMAT-2005, «Einstein y El Quijote» que se falló el mes de Octubre del año pasado.
Fue publicado junto al resto de seleccionados, en un libro conmemorativo del que se hizo una tirada limitada distribuida gratuitamente en institutos y universidades.
Os dejo el link a la noticia que anunciaba la presentación del libro y otro con el fallo del jurado y las bases:
Noticia del evento.
Fallo y bases.