Vértigo

Un buen día despiertas y todo parece igual que siempre: el despertador, la oscuridad más allá de la ventana, la respiración queda de tu pareja dormida…
Un buen día te levantas, te desperezas, te duchas, te vistes, bajas al parking, coges el coche, conduces al trabajo, como tantos otros antes, como muchos otros que vendrán…
Pero en este día, aparentemente ordinario y común, tienes una cita contigo mismo, como cada veintiséis de enero, como cada año…
Felicidades chaval que hoy cumples treinta y cinco. Y aunque no eres de los que se deprimen por ir sumando, tampoco te lo terminas de creer…
Vértigo, que el mundo pare…

Ilustración/relato: «El poder del miedo»

David M Rus me ha propuesto, a modo de experimento, invertir la forma habitual en que solemos colaborar. En lugar de ilustrar él mis textos, relatar yo algunos de sus dibujos, un poco en la línea del imagen/relato.
Aquí os dejo el primer fruto de esta propuesta.

Estatua dibujada por David M Rus

  El poder del miedo

¿Os agrada, majestad? —quiso saber el maestro escultor con una ligera reverencia.
El monarca examinó la estatua sedente con mirada reflexiva. Sus ojos se pasearon durante largos segundos por toda la obra, sin perder detalle, mientras se acariciaba la barba cana. Finalmente respondió:

—Yo nunca he empuñado una alabarda. De hecho, jamás he blandido arma alguna.
—Es bien sabido por todo el reino la bondad y sabiduría de su persona; pero eso forma parte de la funcón didáctica de la pieza, majestad.
—¿Apelar a la violencia es didáctico?
—Lo es infundir miedo en el corazón del enemigo y disuadirle de emprender ataque alguno contra nuestro reino.
—Pero esa sonrisa… parece que me esté burlando de ellos.
—Refleja la seguridad en sí mismo del que nada teme.
El pacífico monarca estuvo tentado de ordenar que hicieran pedazos aquella abominación y que le cortaran la cabeza a aquel desgraciado, pero por alguna extraña inspiración, las palabras del escultor no le parecieron carentes de sentido. Después de todo, el miedo podía ser tan fulminante como la hoja más afilada. Si aquel pedazo de piedra conseguía disuadir a sus enemigos, muchos de sus súbditos podrían salvar la vida.
—Quiero que esculpas tres estatuas exactamente iguales a ésta para que se sitúen en cada uno de los cuatro puntos cardinales de la frontera del país, en lo más alto de las más altas torres.

Cuentan que tribus bárbaras llegaron de allende del gran mar en busca del suculento botín que les ofrecían las poblaciones costeras. Al ver la estatua del rey en lo más alto de la torre norte su caudillo dijo:
—En verdad que esta muralla tendría que empujarnos a buscar objetivos más asequibles, pero sólo un cobarde retrocedería ante un reino de guerreros contra los que podremos probar nuestra bravura, conocer la fuerza de nuestro acero y ganarnos el paraíso.
En menos de veinte jornadas las tribus norteñas hubieron saqueado el pequeño reino de un extremo a otro, sin apenas hallar resistencia.

Reseña de «Néctar para lumbricus»

Descubro en La Biblioteca del Kraken, una reseña de Eloi Puig del número 4 de Miasma, dentro del cual está incluido mi relato:

«Néctar para Lumbricus es una narración que sólo le falta uno cosa: un final más sorprendente y mejor ligado ya que la narración en sí es muy buena. Combina la intriga policíaca con un final de terror sutil. Una historia que destaca más por la prosa que por su argumento. Un cuento largo que presenta pocos elementos fantásticos y que podría meterse fácilmente en otros géneros.»

Estoy totalmente de acuerdo con la mayoría de debilidades que Eloi cita, especialmente con el predominio de la forma sobre una historia que no destaca por su originalidad y con que el final no aporta un giro excesivamente sorprendente. No coincido tanto con que ese final debería quedar mejor ligado. El único fleco que queda suelto es algo buscado y de hecho secundario, su resolución nada aportaría a las intenciones del relato.