Reseña de «Sang d’Ornalah» en La Biblioteca del Kraken

Portada de la edición catalana del Miasma 2Ya ha aparecido en La Biblioteca del Kraken la reseña del segundo número de la edición catalana de Miasma que incluye todos los finalistas del I premio Miasma de relatos de ciencia-ficción y terror.
Acerca de «Sang d’Ornalah», Eloi puig comenta:

«…También tengo que decir que coincido esta vez con el jurado.Éste es un cuento que mezcla la fantasía con la historia, el terror sutil con el horror más crudo. Es una historia de vampiros explicada a través de diferentes personajes y del propio narrador, de manera que encontramos puntos de vista diferentes del problema y una prosa fluida tanto cuando se expresa en primera como en tercera persona. Da la sensación que el autor haya querido meter una historia más amplia en las pocas páginas del relato. Creo que el argumento tiene bastantes elementos interesantes (vampiros, investigación medieval, guerras, diferentes percepciones de la religión etc…) como para llegar a ser una narración más larga, quizás una novela corta. Al querer condensarlo en un relato creo que la estructura se resiente. En definitiva, sin embargo, un cuento ameno de leer pero que te deja con la desazón de que podría dar más de sí si tuviera un mayor desarrollo. Desde aquí animo al autor a probarlo.-+

Podéis leer la reseña completa aquí.

Sang d’Ornalah gana el I premio de relatos Miasma de Terror

Sábado 3 de marzo del 2007. 18:00 P.M. Casal de jóvenes La Kampana. Manresa. Todo dispuesto para la entrega de los premios del I certamen Miasma de relatos en català de Terror y Ciencia ficción. Nos dan la bienvenida un jorobado encapuchado y un enterrador bien pálido. Preside la sala un enorme esqueleto alado, obra del artista Rafael Fernández, quien también se ha encargado de realizar los dos trofeos conmemorativos que serán entregados al ganador de cada categoría junto al lote de comics Norma, valorado en 240 euros.

Entrega premios Miasma

Nervios y más nervios. Minutos de esos que se saborean y sufren despacio. Momentos de esos en los que uno se siente más vivo que nunca y que suelen aferrarse a la memoria con más fuerza que el resto.
Meritxell Genescà, alma mater junto a Caleb Ferrer del fanzine Miasma, nos dirige, vestida de época, una palabras de presentación. El premio, nos dice, ha nacido de la necesidad. Para la edición en castellano la cantidad de relatos que reciben les permite mantener una periodicidad bimensual, sin embargo la edición catalana es otro cantar. Hay demanda, pero faltan creaciones de género en lengua catalana. Los diez relatos finalistas han servido para confeccionar el segundo número del fanzine.
  Primero visionamos la película de Andrew Leman The Call of Cthulhu obra producida por la Lovecraft Historical Society que la ha cedido para la ocasión. Por estos lares sólo se había podido ver en el festival de Sitges.

Lectura de un fragmento de los relatos

Los 40 minutos de duración del mediometraje pasan en un suspiro y llega el momento de la verdad. Meritxell presenta a los miembros del jurado: Robert Latorre —jefe de proyectos del servicio de informática de l’Institut d’Estudis Catalans—, Dimas Rodríguez —Guionista del programa Silenci de Televisió de Catalunya y redactor de revistas como Rock de Lux, Edición Limitada y Butxaca, entre otras—, Andreu Balastegui —Doctor en Astrofísica y profesor del Departamento de Ingenieria Mecánica de la Universitat Politécnica de Catalunya—, y Albert C. Otero, Psicólogo. Se procede a la lectura del veredicto en la categoría de ciencia ficción. Carles Malet i Falcó se hace con el premio al mejor relato de ciencia ficción con Iter. Según palabras del propio portavoz del jurado de dicha categoría, Andreu Belastegui, «por su capacidad para describir la personalidad de un científico y saber comunicar sentimientos dentro del formato de cuento corto de ciencia ficción». Carles recoge su trofeo: una escultura que reproduce un pequeño Alien y su lote de comics. Llega el turno de anunciar el relato ganador de terror. Dimas Rodriguez, portavoz del jurado en la susodicha categoría lee el título del relato vencedor: «Sang d’Ornalah». Toda mi alegría se concreta en un quedo «¡Sí!» que apenas escucha Rebeca, sentada junto a mí. Según el portavoz, ha resultado vencedor «por acercarse a la figura de un vampiro de una manera espontánea, fresca y formalmente convincente». Durante el resto de la velada tenemos ocasión de charlar con Carles y su mujer, con Meritxell y Caleb así como con algunos miembros del jurado y con el escultor Rafael Fernández, mientras saboreamos un aperitivo con productos de la tierra.

Carles Malet i Falcó a mano izquierda y un servidor a la derecha

Me gustaría aprovechar esta entrada no sólo para felicitar a Carles Malet por su premio, y por haber logrado colocar ni más ni menos que cinco relatos entre los diez finalistas, sino también a Rafael por sus magníficas esculturas, espero que la mía pronto adorne la pared del despacho; aunque me gustaría, sobretodo, agradecer a Meritxell y a Caleb, su esfuerzo, trabajo y entusiasmo, y a cuantos les han ayudado a convertir esta jornada, al menos para mí, en algo absolutamente inolvidable.

Trofeo de la categoría de terror obra del escultor Rafael Fernández

Lote de comics cortesía de Norma

Ilustración/relato (2): «Progreso»

  Segundo relato realizado a partir de otra excelente ilustración de David M Rus.

Progreso por David M Rus

  Progreso

Los cuerpos desmadejados de los cinco científicos yacían bajo la luz que se colaba en la sala desde el enorme rosetón. Sin mediar palabra, la inspectora de seguridad, Rosa Estado, se quitó la máscara protectora.
  —¿Pero es que se ha vuelto loca? —bramó desesperado el jefe de laboratorio, Jorge Arras.
  Por toda respuesta, la mujer señaló con el mentón en dirección a los cadáveres. Todos tenían el rostro bien cubierto por máscaras como las suyas.
Comprendiendo, Jorge le imitó algo avergonzado.
  La inspectora se agachó junto a los muertos y los examinó sin tocarlos. A juzgar por la postura de los cuerpos habían sufrido una agonía muy dolorosa. Luego se levantó y paseó la mirada alrededor hasta fijarla en el rastro de sangre y pisadas que provenían de la sala contigua. Sobre su entrada, letras metálicas rezaban: «PROGRESO».
  —¿Qué tipo de experimentación se estaba llevando a cabo en esta sección? —quiso saber.
  —Área restringida de máxima seguridad. Me temo mucho que nadie más en el laboratorio a parte de ellos cinco lo sabía.
  —¿Ni siquiera usted?
  —No estaban a mi cargo. Trabajaban directamente para el gobierno.
  Durante algunos segundos, Jorge Arras aguantó incómodo la fría mirada de la inspectora. Sin responderle, Rosa Estado se dirigió hacia la sala de donde procedía el rastro carmesí. El hombre dudó algunos instantes sobre la conveniencia o no de seguirle, cosa que finalmente hizo.
  En la penumbra del laboratorio, Jorge Arras encontró a la mujer agachada sobre una capsula esférica de la que emanaba una fosforescencia verdusca.
  —¿Qué es esto? —le preguntó invitándole a acercarse con un gesto de su mano derecha.
  En el interior del contenedor levitaba una reproducción del planeta de unos setenta centímetros de diámetro. Sin embargo el nivel de las aguas había aumentado hasta tal punto que los continentes resultaban irreconocibles y la atmósfera que lo rodeaba era una masa gaseosa de un espesor y color malsanos.
  —Nunca había visto nada igual, parece una simulación a escala de los efectos que podría tener sobre la Tierra la implantación masiva de la tecnología en la que trabajaban.
  —¿También sobre sus habitantes? —preguntó la inspectora, alarmada, al tiempo que sentía como dos hilos de sangre asomaban por sus fosas nasales.