Archivo de la categoría: Nudo de piedras (2006-2012)

Cosas que hacer en China cuando estás muerto

Perderse por los hutong.

Hutong de Beijing

Contar hasta diez en el Templo de la Armonía Suprema.

La ciudad prohibida (Beijing)

Anhelar la llegada del verano.

Palacio de verano (Beijing)

Patear la gran muralla

La Gran Muralla

…nevada.

La Gran Muralla

Subir al cielo.

Templo del cielo (Beijing)

Pasar revista a tus tropas.

Ejército de terracota (Xi'an)

Ver como la noche se llena de agua, luz y música.

Plaza de la pagoda del Gran Ganso (Xi'an)

Ver melocotoneros en flor.

Museo del Bosque de Esquelas (Xi'an)

Sentirse diminuto entre cimas calcáreas.

Río Li (Guilin)

Viajar al pasado más tradicional.

Aldea de Daxu (Guilin)

Navegar el lago del Oeste.

Lago del Oeste (Hangzhou)

Mostrar respeto ante los que despertaron.

Templo de Lingyin (Hangzhou)

Recorrer jardines de acudalados comerciantes.

Residencia de Hu Xueyan (Hangzhou)

Ver una pagoda inclinada.

Pagoda de la Roca Nublada (Suzhou)

Pasear junto al canal.

Gran Canal de Suzhou

Comprar en el bazar.

Bazar de Yuyuan (Shanghai)

Ver la noche llenarse de oro.

Bund (malecón de Shangahi)

Contemplar el espejo en el que se mira todo el país.

Río Huangpu (Shanghai)

Ponerte fino, fino.

Pato laqueado (Beijing)

Fallo del Ovelles Elèctriques II

Ovelles Elèctriques IICuando relatos realmente buenos, buenos porque sí, se quedan sin premio, uno tiene a la fuerza que rendirse a la evidencia y soltar aquello de que el nivel de este año ha sido espectacular, superior al del pasado, y teniendo en cuenta que entonces la cosa ya fue de altos vuelos, remito a los incrédulos a la selección de los mejores relatos, ya os podéis imaginar de qué estamos hablando. Como siga este incremento ya no me quiero ni imaginar lo que puede pasar el año que viene o el siguiente: el pobre jurado puede terminar con una salud mental muy perjudicada en el intento de hacer justicia y decantarse por unos vencedores. Lo dicho. Un manjar para gourmets que en breve tomará forma de libro con una selección de los mejores, unos veinte. Los ganadores…

Mejor relato en castellano: Una idea ridícula de José Manuel Fernández Aguilera. Lo podéis leer aquí.

Mejor relato en catalán: Plaga de humanitat de Menut. Lo podéis leer aquí.

Accésit: La decisión de Serafín Gimeno Solà. Lo podéis leer aquí.

Mención de honor: El arte de la guerra según Charles Darwin de Ricardo Montesinos. Lo podéis leer aquí.

Mención de honor: Órbita Koimeterion de José María Pérez Hernández. Lo podéis leer aquí.

Más información sobre los ganadores y sus premios en el blog Ovelles Elèctriques.

Enhorabuena a sus autores, a todos aquellos que han logrado situarse entre los publicables, Eugeni se lo hará saber pronto, y por supuesto a cuantos han participado en esta segunda edición del certamen y que tan buenos motivos de discusión nos han dado a Eloi Puig, Jordi GT, Ramón Batalla y a un servidor.
¡Hasta otra!

En tierra hostil – Invictus – Celda 211

En tierra hostil. Buena muestra de cine bélico que se centra en una vertiente poco explotada del mismo: el trabajo de los artificieros en Irak. Tiene su punto fuerte en cómo logra transmitir la sensación de constante tensión que implica vivir y trabajar en territorio enemigo. Incluso consigue reproducir esa sensación de insensibilización en el espectador: la casi insoportable tensión inicial acaba derivando hacia una cotidiana inquietud en la que nadie está a salvo del peligro, pero que permite entender la decisión del protagonista. La estructura por misiones le dota de un estilo fragmentario. Los episodios tienen suficiente variedad para no caer en el aburrimiento, pero hace que la evolución de los personajes quede algo entrecortada.

Invictus. Quizá si no viniera de quien viene no dejaría ese sabor tan agriducle. Freeman se convierte en Mandela, es Mandela, pero el episodio de su vida retratado termina reducido a una sucesión de partidos de rugby con un final conocido. Escenas como la del helicóptero descendiendo sobre el campo de entrenamiento, con una empalagosísima melodía pop de acompañamiento, no parecen a la altura del autor de «Gran Torino» o «Sin perdón». El tono de la historia es demasiado blanco para la complejidad del conflicto reflejado, demasiado «todo el mundo es “güeno”», con lo que uno se queda con la sensación de haber visto un telefilm de sobremesa que entretiene sin más.

Celda 211. No tiene desperdicio. Parte de una premisa argumental «encontrarse en el peor momento posible en el lugar equivocado», para a partir de aquí hundirse en un conflicto de intereses en el que los malos terminan demostrando más catadura moral que los buenos. Quizá peque de cierto maniqueísmo al presentar las dos caras de la moneda con ciertas reacciones del entramado opresor poco creíbles, pero son apreciaciones que no empañan ni un ápice el brío de una historia narrada con buen pulso. Tosar se sale en su papel de Malamadre.