Archivo de la categoría: Nudo de piedras (2006-2012)

Rafa Pons a la tercera

La primera vez se canceló el concierto, la segunda me enteré un día tarde, y más de un año después, el pasado jueves 17, al fin, pude disfrutar de un concierto de Rafa Pons. Letras ingeniosas a ritmo de cantautor rockero. Un disfrute. Aquí os dejo un fragmento del evento que alguien ha tenido a bien colgar en youtube.

P.D. Por cierto, quizá os resulte familiar el cervecero guionista de sus tiras cómicas, alguien que atiende al nombre artístico de «Getchell».

Kick-Ass – Legión – El hombre lobo

Kick-Ass. A medio camino entre una cinta de superhéroes, los adolescentes de Kevin Smith y las coreografías de Tarantino, más que digna versión del rompedor cómic de Mark Millar y John Romita Jr., si bien las dosis de mala uva y violencia se han reducido considerablemente, y los cambios de guión respecto al original, son para peor. Un par de ejemplos: que la compañera de clase y objeto del deseo del protagonista sea ex novia de un traficante treintañero resulta poco plausible o que la maleta de Big Daddy y Hit-Girl no aparezca en la película ni con ella su verdadera historia, elimina la crítica más aplastante que contiene toda la serie a quienes se toman los superhéroes demasiado en serio. A nivel visual la traslación de las viñetas es excelente y dejando de lado la batmización del atuendo de Big Daddy o que Red Mist parezca una reina del orgullo gay, el resto son las viñetas del cómic en movimiento. El rediseño del traje de Hit Girl me parece todo un acierto y es una auténtica gozada verla repartiendo leches.

Legión. El punto de partida es curioso: Dios está hasta las narices de la humanidad y decide enviar a sus ángeles para que la aniquile, pero olvidaros de las espectaculares escenas que tan solo leerlo han surgido en vuestra mente. La falta de presupuesto la reduce al consabido esquema de terror serie B: grupo de desconocidos coinciden en un restaurante de carretera y deben enfrentarse a la terrible amenaza. Los intentos por integrar elementos religiosos en la trama de terror/acción solo consiguen llenarla de incoherencias.

El hombre lobo. Remake del clásico de la Universal que devuelve el mito a su época histórica original. Potente a nivel visual, escenas como la del licántropo bebiendo ante el puente de Londres son de las que quedan en la memoria, contiene altas dosis de hemoglobina y vísceras. Se nos cuenta la consabida historia de la maldición, con algunas variaciones para darle emoción al personal, pero sin llegar a ofrecer nada que deje con la sensación que, más allá de la operación comercial, la revisión merecía la pena.

Life on Mars / Ashes to Ashes

Life on Mars

Cuando todavía colea el debate internetil sobre el final de Lost, en general la palabra que más suena es «decepcionante», otra serie llegaba casi por las mismas fechas a su desenlace. Se trata de la producción británica de la BBC, Ashes to Ashes, que continúa la trama que se iniciara en Life on Mars y la concluye. Cinco temporadas, dos la primera y tres la segunda, con ocho capítulos cada una.
  Si en Life on Mars asistimos al alucinante regreso al Manchester de 1973 del inspector de policía Sam Tyler, después de ser atropellado, en Ashes to ashes es la inspectora Alex Drake quien regresa al Londres de 1981 al recibir un disparo. En ambos casos pasarán a formar parte del equipo del inspector jefe Gene Hunt, impagable Philip Glenister, con algunas variaciones de plantilla, pero en la que se mantienen fijos el rudo y machista Ray Carling (Dean Andrews) y el atolondrado pero inquieto Chris Skelton (Marshall Lancaster). Los episodios de la serie se estructuran alrededor de los distintos casos que surgen en el seno de la brigada, como si de una serie de policías cualquiera se tratara, pero desarrollando al mismo tiempo la trama de ciencia ficción relacionada con el misterioso viaje al pasado de ambos protagonistas y con la oportunidad de atar cabos sueltos de su propia vida que la experiencia les proporciona. De este modo, a medida que se suceden investigaciones que sirven para hacer un fresco de la sociedad inglesa de las dos décadas, se nos van dando pistas acerca de los posibles motivos por los que se ha producido el salto temporal y de los intentos de Sam y Alex por encontrar el modo de regresar a su época.

Ashes to Ashes

  Como no podía ser de otro modo la ambientación es excelente a todos niveles, y la banda sonora, escogida con un buen gusto encomiable, es la guinda del pastel. Sin ir más lejos, los títulos de ambas partes hacen referencia a dos canciones de David Bowie. Otro elemento destacable son los personajes secundarios que arropan a los protagonistas, de una parte a otra no solo se produce el predecible cambio de moda y peinados sino también una apreciable evolución en su forma de actuar y de pensar. Mención a parte merece el inspector jefe Gene Hunt, malhablado, obtuso, de métodos tan rudimentarios como eficientes, un policía a la antigua usanza que conoce mejor que nadie la ley de las calles y con el que las propuestas modernas de investigación y procedimiento de los recién llegados chocarán inevitablemente. Aficionado al pub y a lo coches veloces, un Ford Cortina en los setenta y un Audi Quattro en los 80, el inspector Hunt no solo tendrá que bregar con las nuevas formas de crimen que azotan sus calles, sino también con sus superiores en el cuerpo que a menudo pondrán en tela de juicio la forma de llevar sus asuntos.
  Quienes hayan sufrido la versión española de Life on Mars, aquí La chica de ayer, que no la tomen para nada como referente. Si bien la premisa argumental original era la misma e incluso adaptaron el argumento de algunos capítulos, la versión nacional pronto prefirió centrarse en los aspectos más lacrimógenos y costumbristas de la propuesta, cargando las tintas melodramáticas a lo Cuéntame y terminándola sin pena ni gloria. Ni siquiera el remake americano, con Harvey Keitel a la cabeza, supo estar a la altura.
  Finalizada la serie y con la perspectiva que permite el analizarla como un todo, uno no puede menos que creer a sus guionistas, Matthew Graham y Ashley Pharoah, cuando aseguran que las paredes maestras que sostienen la estructura narrativa estaban bien meditadas desde buen principio y que tenían muy claro a dónde nos querían llevar mucho antes de que se rodara una sola escena. Visionado el último de sus cuarenta episodios, el espectador entiende en qué ha consistido el juego propuesto, le encuentra significado a cada una de sus piezas y sus movimientos; ve que cada ladrillo encaja sin fisuras en el muro levantado, y en consecuencia, empatiza con lo que ha disfrutado y da por bueno el trayecto realizado desde que todo empezara. Aquí no hay lugar para explicaciones forzadas, cabos sin atar, ni decenas de personajes que aparecen y desaparecen sin un papel que los justifique en el drama. Todo cobra sentido y tiene su razón de ser. Ficción de la buena. Advertir, como posible efecto secundario de su visionado, el descubrirse a uno mismo, en el momento menos pensado, emulando a Gene Hunt, the guv, y soltando con voz de tipo duro: Let’s fire up the Quattro!