Aquello de que la realidad siempre supera a la ficción viene de lejos, aunque parece ser que, últimamente, la primera anda bastante creativa. Ante semejante alarde de imaginación uno se pregunta qué sentido tiene eso de andar fabulando cuando salen semejantes argumentazos en las noticias.
Lo del pulpo oráculo a estas alturas ya tiene más recovecos que Falcon Crest. Que si un experto del CSIC le quiere quitar todo el mérito al animalito, acusándole de zamparse el mejillón adecuado más azuzado por los colorines de la bandera que por sus dotes adivinatorias (sin querer entrar en conflicto con un sabio en cefalópodos apuntar que dicha teoría no explica nada bien porque en la final de la Eurocopa, ante las mismas banderas y colores, el buen Paul optara por la alemana, pifiándola, por cierto); que si el zoo de Madrid lo corteja y los del zoo germano les dicen que nanai, que una cosa es que les apeemos del mundial y la otra dejarles sin el fenómeno del momento, cuyas predicciones han sido transmitidas en directo por cadenas de todo el globo y, según las malas lenguas, en las últimas ocasiones no precisamente gratis. Un pulpo que ha resultado más rentable que muchas de las estrellitas del mundial, aunque dificilmente llegará a la próxima Eurocopa: si la media de edad de los cefalópodos anda alrededor de los tres años este ya ha gastado más de dos.
De bestseller veraniego me parece la historia de los restos del barco de más de nueve metros de eslora encontrados en la zona cero, nueve años después del terrible atentado de las Torres Gemelas. Al parecer datan del siglo XVIII, a finales del cual había un par de muelles en la zona, el Lake y el Lindsey. Dicen los expertos que con toda probabilidad se utilizó como relleno para ganarle terreno al río Hudson. Pero este último dato habrá que obviarlo en beneficio del espectáculo y cambiarlo por algún otro del tipo que los restos pertenecían a un galeón español y que existe un legendario tesoro de por medio. También queda la opción de sazonarlo con zombies que para combinar van de muerte, sea con nazis, con clásicos literarios o con superhéroes Marvel. Incluso con religión. Que me entero por el muro de Claudio Cerdán en facebook que uno de los relatos de la segunda Antología Z de Dolmen ha herido algunas sensibilidades piadosas. Os invito al entretenido ejercicio de leer los comentarios del blog acusica y adivinar quienes juegan con la selección beatífica y quienes en la fandomita. Como es bien sabido que nadie discute sobre libros que no la leído, por la cantidad de opiniones se deduce que a los de Dolmen las ventas no les deben de ir nada mal.
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No me gustaría terminar esta entrada sin mencionar el fenómeno extraño más apabullante que ha tenido lugar por estos lares en mucho tiempo. Según cierto periódico de izquierdas, el pasado diez de julio hubo una abducción masiva en pleno centro de Barcelona. Lo más inquietante es que, aunque se produjo en una manifestación multitudinaria en defensa del Estatut, nadie se percató del secuestro, pero sucedió. Cuando la Guardia Urbana procedió a medir el número de asistentes se contabilizaron mas de un millón, pero cuando la medición fue realizada por el periódico la cosa no llegaba a los 450.000. La noticia resulta todavía más preocupante si acudimos a los datos proporcionados por la empresa Lynce, y que debieron de ser tomados con posterioridad, pues entonces el fenómeno ya había adquirido dimensiones de catástrofe y solo quedaban 56.000 manifestantes. Los últimos rumores apuntan a que no hubo manifestación alguna.