Hay que ver con qué facilidad nos acostumbramos a ciertas cosas. De hecho nuestra capacidad de adaptación a nuevas situaciones: cambios de empleo, cambios de pareja, cambios de residencia… nos resulta de gran utilidad para tirar p’alante en el cabrón día a día y a otra cosa mariposa. Por desgracia, sucede en ciertas ocasiones que nuestra habilidad para tragar con todo, pasotismo le llaman algunos, puede gastarnos malas pasadas. Como que cierta panda de fariseos aprovecharan el cambio de moneda para subirse el sueldo e instaurar nuevas tradiciones inflacionistas. Aunque parezca una leyenda del pasado sucedida en una galaxia muy lejana y que pronto olvidarán los más jóvenes del lugar, la dura realidad es que semejante gamberrada sucedió hace bien poquito y por estos lares.
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Columna en Sedice: La tribu
«Cuentan que en un apartado valle de verdes colinas habitaba una tribu. Sus miembros no destacaban por ser especialmente hábiles con el arco y la flecha, ni por sus técnicas agrícolas, ni mucho menos por sus artes ganaderas o el tamaño de sus miembros viriles. Si de algo se sentían orgullosos los miembros de aquella tribu era de su habilidad para narrar historias.»
Así empieza esta pequeña fábula sobre el hecho de escribir. Sobre los anhelos y miedos que comporta, sobre sus victorias y sus derrotas, pero sobretodo acerca de la motivación que empuja a unos y a otros a aporrear un teclado.
Columna en Sedice: Yo para ser feliz quiero un tanque
La felicidad tal vez consista en que los intentos de tus congéneres por arruinarte el día no lleguen a buen puerto. En la jungla del asfalto, donde el código de circulación sirve para que sepamos cuántas cosas sancionables hacemos al volante al cabo del día, impera la ley del que más jeta tiene, algo de lo que últimamente el personal parecer ir bien servido. La felicidad, de existir, debe de ser muy parecida a no tener que esperar a encontrar un hueco en el carril de la izquierda para poder seguir tu camino, sino en recorrer aquel por el que circulas, en línea recta y sin pestañear, a pesar de los vehículos estacionados en doble fila.