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Malos tiempos para los mitómanos. Los secretos de toda la vida las están pasando canutas en plena economía del conocimiento, donde la información fluye desbocada por infinidad de canales, donde cada vez más, aparece gente con buen olfato y los medios para pillar el menor descuido y donde, sin quererlo, millones de personas se enteran de las cosas sin pretenderlo. De esta manera, al consultar mi correo, descubro, por una pequeña noticia en la página de inicio, que el secreto de la Coca-Cola ha sido desvelado y su ingrediente secreto, el Merchandise 7X que según la leyenda solo conocen dos personas, esas mismas que no pueden subirse juntas al mismo avión, ha sido, tras 125 años, finalmente desvelado. Una foto del Atlanta Journal-Constitution que ilustraba un artículo sobre la historia de la bebida de 1979 y que en su día pasó desapercibida, mostraba, una nota manuscrita con la receta original de John Pemberton’s. Aunque han pasado 30 años desde entonces y nadie duda que la receta habrá sufrido variaciones, quienes la han probado aseguran que su parecido con la bebida resulta indistinguible.
Y si caen secretos también caen mitos. La distancia es requisito indispensable para la admiración ciega, y la afición que famosos de todos los ámbitos parecen haberle cogido a twittear también está pasando factura. El mensaje corto, directo y espontáneo, por no mencionar el derecho de réplica, acorta distancias cosa mala, y deja las vergüenzas del más pintado al descubierto, no solo en meteduras de pata, sino en la posterior reacción poco elegante cuando el recochineo se generaliza. Desde La Ex Miss Universo que pedía el cese del conflicto entre las dos Chinas, al sufrido Bisbal que se exclamó de la soledad de las pirámides, pasando por un contrariado Jordi González al ser metido en el saco de la telebasura, o Alejandro Sanz y Álex de la Iglesia que han lidiado con sus seguidores a colación de la ley Sinde, de forma, por cierto, muy distinta, son algunos ejemplos de lo que sucede cuando la figura pública baja del altar, rasga el tupido velo de la fama y se mezcla con el resto de mortales. No es de extrañar que, visto lo visto, sean muchos los que decidan cerrar cuenta y regresar a su torre de marfil.