El Piojoso, un tugurio por el que suelo pasarme y en el que siempre es un placer perderse para conocer las novedades que afectan a sus selectos parroquianos, ha repartido este número de lotería navideña entre sus asiduos. La única condición para compartir la suerte que esconden estos cinco números es enlazar la administración blogueril de donde ha partido iniciativa tan peculiar: Alas de plomo. Ya solo me queda repartir la llamada del bombo entre cinco bitácoras más. Que yo sepa estas cinco todavía no han sido tocadas por el dedo de la fortuna…
Supongo que más de uno estará pensando: «ya estamos con la típica cadena para que un blog aumente las visitas» y su parte de razón tendrá. Pero en esta ocasión hay que reconocerle la originalidad al asunto, eso y que siempre resulta difícil esquivar ese miedo atávico, tan irracional como humano, que asalta al prójimo cuando tiene la sensación de que está dejando pasar una opotunidad única y le da por pensar, mientras visualiza imágenes de telediario en las que aparecen amigos, conocidos y vecinos rociándose con cava, «¿y si toca…?»