La cinta blanca. El autor de «Funny games» nos muestra una serie de extraños sucesos en el marco de una pequeña comunidad protestante alemana justo antes de la Primera Guerra Mundial. Usando el mismo blanco y negro de las fotografías y filmaciones que nos han llegado de la época, la cámara se mueve de la esfera privada a la pública mostrando al espectador los sucesos de forma objetiva, sin juzgarlos, pero permitiéndole conocer la educación y ambiente en el que creció la generación que apoyó la subida al poder del nazismo. Bocado gourmet para paladear sin prisas. Amantes de montajes videocliperos abstenerse.
Infectados. Una excelente muestra de porqué en los USA toda una generación de nuevos cineastas españoles lo están petando en el género de terror. Partiendo de una premisa poco original: en una Tierra barrida por una epidemia unos pocos supervivientes intentan eludir la infección, los hermanos Pastor apuestan por la road movie centrándose en la historia de dos hermanos y su lucha por sobrevivir junto a la novia del mayor y una chica bien que han encontrado por el camino. Quien espere un correcalles de infectados postapocalípticos saldrá decepcionado. Su espíritu se encuentra más cerca de «La carretera» que de «28 días después».
Mapa de los sonidos de Tokyo. La Coixet nos ofrece una nueva historia de amor, lástima que nunca lo haya vuelto a hacer con el sentido del humor que en «Cosas que nunca te dije», aunque en esta ocasión se sumerge en el ambiente «bladerunero» de la capital nipona. La directora consigue que la localización impregne toda la narración, mostrándola como una ciudad tan apasionante como fría, igual que los corazones de los seres que la pueblan, y logrando eludir la sensación de que su elección es mero exotismo. Sigo sin acostumbrarme a la dicción en castellano de Sergi López, pero la química entre su personaje y la asesina japonesa, a pesar de lo que he leído en alguna crítica, me resultó perfectamente creíble.