Dicen que cualquier habitante del planeta está relacionado con el resto por un máximo de seis vínculos personales. Algunos tildan este precepto de teoría y otros muchos de leyenda urbana cuyo valor no pasa de curiosidad o de argumento para pastiche de Hollywood. Hace poco saltaba a la palestra una actualización de la misma, según la cual, internet y las redes sociales habían estrechado el cerco y ahora la cosa quedaba reducida a tres grados. Microsoft le dedicaba un estudio, hará cosa de un año, tomando como muestra 180 millones de usuarios del Messenger. El resultado del mismo corroboró la teoría, concretando el grado de separación entre dos individuos cualquiera en 6,6 grados.
A Xavier lo conocí en la facultad de Letras de Tarragona. Estudiaba derecho, pero era amigo de varios compañeros de clase, vecinos suyos de El Vendrell y, a menudo, se dejaba caer por el bar para «hacer campana» con los de filología inglesa y venía a nuestras fiestas y cenas.
Francesc es un amigo de la infancia que vive en Barcelona. Sus padres veraneaban en Rajadell, un pueblo del Bages, cerca de Manresa, donde mi abuelo compró hace mucho años una vieja casa que ha sido refugio vacacional de mi familia la mayor parte de nuestra vida. Lejos de la ciudad y los encorsetados horarios del colegio, todo era montar en bici, hacer cabañas, y jugar al escondite o a policías y a ladrones. Con el tiempo y el inevitable cambio de intereses que conlleva la adolescencia y edad adulta, nuestras aventuras se desplazaron hacia las calles de la Ciudad Condal y los garitos de Salou, pero nunca hemos perdido el contacto.
La semana pasada Francesc cumplió 40 años. Con motivo de número tan especial su familia decidió prepararle una fiesta sorpresa con sus amigos actuales y los de siempre. Desafortunadamente, me fue imposible acudir al encuentro, reencuentro en algunos casos. Al día siguiente, sábado, cuando colgaron las fotos de la cena en el facebook, me quedé absolutamente sorprendido al ver a Xavier sentado a la mesa del restaurante, entre amigos y familiares de Francesc. Mentalmente intenté establecer algún vínculo que hubiera olvidado, sin conseguirlo. Que yo supiera aquellas dos personas no se conocían de nada. Le he preguntado a Francesc de qué conoce a Xavier. Al parecer, es pareja de una compañera suya de trabajo.
A veces pasa. Eso sí, no lo escribas en un relato porque no cuela. 😈
Y con facebook ni te cuento.
Gran encuentro en Barcelona!
¡Y lo que me encantan esas «redes»! 8)
Es cierto, Claudio, a veces le permitimos licencias a la realidad que no le toleramos a la ficción.
Internete es lo que tiene, JM y Joe, las redes sociales todavía hacen el mundo más pequeño, aunque también hay que aceptar que en el facebook todo el mundo es güeno, y se considera «amigo» a gente que no se conoce ni de oidas. Lo verdaderamente alucinante de todo esto es cuando tienes ocasión de constatarlo en el mundo real.
Me he «explicao malamente». Cuando digo «redes» me refiero a esos nexos que se crean entre las personas en la vida real. En lo que a las redes sociales se refiere, las respeto pero a mí personalmente no me van mucho. Cierto que estoy en facebook pero bastante pasivo, todo hay que decirlo. 8)
Ah, no te había pillado, no. Comparto esa fascinación contigo. Ese tejido que parece hilvanado como atendiendo a un gran guión.
Sí, es increíble.
Yo ya no hablo mal de nadie en voz alta (y casi ni en voz baja).
Nunca sabes cuando estás metiendo la pata. El mundo es un pañuelo, lleno de mocos y nos conocemos todos.
Tienes una cosa pagada en mi blog.Pásate por ahí. 8)
Haces bien, STB. Aquello de esclavo de tus palabras y dueño de tus silencios cada día cobra más sentido.
Muchas gracias, Joe.
Ya las casualidades no existen. Todo está escrito o publicado.
En el facebook, CLARO 😉
La música del azar, como diría el señor Paul Auster, ha cambiado de melodía. 😉
Da qué pensar, desde luego 🙂
El azar es un guionista cojonudo 😀
Como la copa de un pino. 😉